En Francia trabajan miles de indocumentados en condiciones humillantes, degradantes, al amparo de ningún derecho y si embargo, esos trabajadores, pagan impuestos y están sujetos a todos los deberes que impone la residencia en Francia.
Vale recordar, para situar las cosas en su contexto, que un título de residente no equivale a la nacionalidad francesa. Esta aclaración cobra mucha importancia habida cuenta de la confusión que ha reinado en estos últimos años. Este título permite residir en Francia, pero no otorga la ciudadanía.
Los emigrantes que vienen a Francia para ocupar empleos que los franceses no quieren ya desempeñar, son, a menudo, miserablemente explotados. Condiciones de trabajo indecorosas, pues mientras no gocen de verdaderos documentos no tendrán verdaderos derechos… En un país que pregona a los cuatro vientos la igualdad de derechos para todos, esta situación es intolerable.
Entonces, la solución es muy sencilla: es preciso regularizar la situación de los trabajadores indocumentados. No obstante, no sería conveniente proceder a regularizaciones masivas. Esta es una solución es temporal y por lo tanto inadaptada. La verdadera medida es legislar. Conceder automáticamente sus documentos a cada trabajador irregular, haría que todos los trabajadores, franceses o no, gozasen de derechos para defenderse.
Julien Vanhée
traducido por Alberto Chavarro
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